Tres aspectos ocultos en tu interior

victima - perseguidor - salvadorTres aspectos muy importantes de nuestra personalidad permanecen muy ocultos ante nuestros sentidos pero con fuerza nos condicionan haciendo que nuestra vida aparente bienestar y amor cuando la realidad es justo lo contrario: el complejo de víctima, de salvador y de perseguidor. En ocasiones llamado el triángulo codependiente o dramático de Karpman, en honor a su descubridor el psiquiatra Stephen Karpman. Veámoslos en detalle.

Se llega a la vida como seres puros, creativos, libres, sin temores y llenos de energía. Sin embargo, el día a día pudiera acarrear que estas características se esfumen o repriman poco a poco. Esto es originado por las experiencias de un guión basado en los valores y la cultura de los padres o cuidadores, que en ocasiones pudiera haber sido represiva y negativa.

Si en el transcurrir de la infancia se fue avergonzado, reprimido o invalidado, el menor se torna vulnerable y acarreará miedo a la presión y las expectativas, miedo al rechazo y al abandono, a la falta de espacio, a ser mal interpretado o ignorado. Ahora nuestra vulnerabilidad está cubierta por una capa de vergüenza y shock. Donde hay profundos sentimientos de traición, dolor, ira y desesperación; el dolor y la ira provienen por ser abusados, descuidados, no aceptados, no apreciados y malentendidos.

Como resultado de la vergüenza, se bloquea gran parte de la energía sexual, creativa, amorosa, feliz, energética y extravagante. Así mismo, se adopta una máscara, un rol que esconde los grandes miedos que se han albergado en el transcurrir de la experiencia con el otro. El psiquiatra S. Karpman se refiere en su artículo “Fairy tales and script drama analysis“ (1968), al triángulo dramático de la interacción humana, basándose en tres roles que adapta cada persona. El perseguidor, el salvador y la víctima. Veámoslos con detalle:

  • La víctima se siente y se posiciona como inferior manipulando sus problemas para causar lástima. Busca un perseguidor mostrando su miedo o a un salvador mostrando su tristeza. Se equivoca y comete errores para que lo persigan o lo salven. Esta actitud le permitirá reafirmarse y regocijarse en su estado, y en muchas ocasiones manipulará lo necesario para culpar a otros de sus demonios.
  • El salvador ve a las personas como inferiores, no aptos, pero bajo la bandera del amor, de dios, etc impondrá su ayuda desde esa posición de superioridad con el fin de conseguir la dependencia. Adoptar el personaje de salvador hace que le necesiten.
  • El perseguidor arremete, humilla y rebaja a los demás a los que percibe como inferiores. Hace que las reglas se cumplan a su antojo. Necesita que lo teman, tapando así su complejo de inferioridad. A veces se hace pasar por víctima con lo que consigue que otros se culpabilicen y se sientan mal.

Cuando se vive bajo estos tres tipos de codependencia, se sabotea el amor, el respeto propio y ajeno, y obviamente, el crecimiento interno. La manipulación puede ser a través del dinero, del amor, del sexo, la inteligencia, el poder, la edad, la culpa, quedando bien, salvando a los demás. Todo ser humano posee necesidades que no le fueron satisfechas en su infancia; por lo que en la etapa adulta reacciona y exige amor, atención, apoyo y el ser validado.

Según haya sido la experiencia en edades tempranas, cada ser humano representará el rol de víctima, salvador o perseguidor. Aunque haya un rol que dominará, el codependiente puede alternar su máscara en función de la manipulación que desee realizar o el objetivo a conseguir. Cada rol encierra una capa de vulnerabilidad que aprisiona al niño amenazado, dando como resultado conductas en el adulto que reflejen la dependencia o la antidependencia.

Sin embargo, los dependientes y antidependientes son imanes que se atraen embonando cual piezas de rompecabezas; eso que le falta a uno, lo compensa el otro. Para poder observar que rol está representando, es importante que comience a analizarse detenidamente. Te proponemos las siguientes preguntas para iniciar tu análisis:

  • ¿Qué haces cuando deseas conseguir algo?
  • ¿Qué haces cuando no consigues lo que deseas?
  • ¿Necesitas reconocimiento?, Si la respuesta es afirmativa, ¿cómo puedes conseguirlo de otra manera?
Para recordar:

Se llega a la vida como seres puros, creativos, libres, sin temores y llenos de energía. Sin embargo, el día a día pudiera acarrear que estas características se esfumen o repriman poco a poco.

El perseguidor, arremete, humilla y rebaja a los demás a los que percibe como inferiores.

El salvador ofrece una ayuda falsa con el fin de conseguir una dependencia de los otros a través de esta ayuda.

La víctima se siente y se posiciona como inferior manipulando sus problemas para causar lástima.

Escuela Tantrica Sivaita

Anuncios

Abandono y codependencia

codependenciaA menudo, los codependientes han sido objeto de algún tipo de abuso físico o verbal, o sufrieron el abandono de uno de sus padres, o de ambos. El codependiente busca alivio en alguna adicción para anestesiarse de su dolor. A veces lo hace a través de relaciones disfuncionales y, muchas veces, dañinas; o mediante adicciones al dinero, el sexo, la ira, las drogas, la bebida, etc. El codependiente está atado a lo que le sucedió en su familia de origen y se siente internamente torturado por ello, aunque la mayoría de las veces no se da cuenta de lo que le está sucediendo.

Los niños que crecieron sin haber escuchado mensajes importantes de sus padres, mensajes de amor, ratificación o confianza, son niños disfuncionales. Debido a ello al crecer se sienten abandonados, su baja autoestima les impulsa a buscar la aprobación de otras personas para sentirse mejor consigo mismos. A veces, su hambre de amor y aprobación es tan grande que están dispuestos a soportar cualquier cosa con tal de recibir migajas de cariño y atención. La sanación de estos niños, algunos con más de 50 años, necesita de dos cosas: amor y firmeza. Amor incondicional, dado y recibido sin esperar nada a cambio; y firmeza para no ceder ante las llamadas de atención, chantajes y manipulaciones en forma de víctima, salvador, juez-perseguidor-verdugo.

Cuando los niños abandonados crecen y se hacen padres se convierten en lo contrario a lo que han vivido con sus respectivos padres. Son inflexiblemente dependientes de sus hijos, concediéndoles toda su atención y caprichos, están excesivamente pendientes de cuando sus hijos lloran. Sus hijos nunca son culpables de nada cuando les ocurre algo en el colegio con los profesores u otros niños. Les obligan a vivir en una burbuja de amor impidiéndoles que les llegue el más mínimo dolor. Estos padres sobreprotectores se sumergen en sus hijos olvidándose de sus parejas o trabajo, para después darse cuenta, cuando crecen los niños, que o bien no tienen personalidad propia o bien son unos tiranos que no saben vivir en sociedad ni ocuparse de sus propios asuntos, son unos perfectos inútiles con sus propias emociones y problemas. Pero, sobretodo, se sorprenden de que sus hijos les odian.

Para recordar:

Los codependientes son como los yonkies. Deben aprender que el amor no se mendiga ni se posee.

Sólo la iluminación puede salvar al codependiente.

Escuela Tantra Sivaita

Acerca del Ego y los elogios

Ego…Recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobado, aceptado, aplaudido… Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general, o cuando lees un libro o ves una película que te gustan de veras. Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero, el producido por el hecho de ser elogiado. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia “glorificación” y “promoción” y es un sentimiento mundano, mientras que el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico.

Veamos otro contraste: recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando obtienes algún éxito, cuando consigues algo que anhelabas, cuando “llegas arriba”, cuando vences en una partida, en una apuesta o en una discusión. Y compáralo con el sentimiento que te invade cuando disfrutas realmente con tu trabajo, cuando de veras te absorbe por entero la tarea que desempeñas. Y observa, una vez más, la diferencia cualitativa que existe entre el sentimiento mundano y el sentimiento anímico.

Y todavía otro contraste más: recuerda lo que sentías cuando tenías poder, cuando tú eras el jefe y la gente te respetaba y acataba tus órdenes, o cuando eras una persona popular y admirada. Y compara ese sentimiento mundano con el sentimiento de intimidad y compañerismo que has experimentado cuando has disfrutado a tope de la compañía de un amigo o de un grupo de amigos con los que te has reído y divertido de veras.

Una vez hecho lo anterior, trata de comprender la verdadera naturaleza de los sentimientos mundanos, es decir, los sentimientos de autobombo y vanagloria, que no son naturales, sino que han sido inventados por tu sociedad y tu cultura para hacer que seas productivo y poder controlarte. Dichos sentimientos no proporcionan el sustento y la felicidad que se producen cuando contemplas la naturaleza o disfrutas de la compañía de un amigo o de tu propio trabajo, sino que han sido ideados para producir ilusiones, emoción… y vacío.

Trata luego de verte a ti mismo en el transcurso de un día o de una semana y piensa cuántas de las acciones que has realizado y de las actividades en que te has ocupado han estado libres del deseo de sentir esas emociones e ilusiones que únicamente producen vacío, del deseo de obtener la atención y la aprobación de los demás, la fama, la popularidad, el éxito o el poder.

Fíjate en las personas que te rodean. ¿Hay entre ellas alguna que no se interese por esos sentimientos mundanos? ¿Hay una sola que no esté dominada por dichos sentimientos, que no los ansíe, que no emplee, consciente o inconscientemente, cada minuto de su vida en buscarlos? Cuando consigas ver esto, comprenderás cómo la gente trata de ganar el mundo y cómo, al hacerlo pierde su vida. Y es que viven unas vidas vacías, monótonas, sin alma…

Propongo a tu consideración la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración. .. Y así siguen hasta el final del viaje.

Anthony de Mello

Miedo al amor

filofobiaSon nuestros miedos no reconocidos ni trabajados lo que cierran nuestro corazón al amor, al amor a nosotros mismos y a los demás.

Puede imaginar que está de pie, le rodean tres círculos: un anillo exterior, uno medio y otro interior. Estos círculos le radian desde su centro a la superficie. El anillo exterior se le llamará la capa de protección, el intermedio es la capa de los sentimientos y la vulnerabilidad y el del centro es el núcleo del Ser esencial.

En el día a día, es muy común que se viva en la capa exterior, la zona de la protección; ya que aquí existe el control de las situaciones, de las emociones, de nuestros miedos y por ende, hay un sentido de protección. El vivir en ese estado de protección, puede generar seguridad, sin embargo, es un lugar vacío, nada sucede. Y al decir nada, esto implica que se protege la vulnerabilidad, bloquea las energías dolorosas, desconectando los sentimientos y el libre flujo de nuestras energías creadoras.

Para proteger su vulnerabilidad, su ego ha construido su imagen, su personaje: hippie, médico, víctima, inteligente, trabajador, mendigo, enfermo, etc. Alejándose cada vez más de su autenticidad, formando una capa de aislamiento para que nada entre y nada salga de su sistema. Como todo en la vida, hay aspectos positivos y negativos de la capa de protección. Para algunos, el ataque a la vulnerabilidad durante la infancia fue tan traumático que sin esta capa no hubiera sido capaz de llegar hasta la edad adulta. Sin embargo, esa capa ha ido acompañándolo hasta el día de hoy. Si al relacionarse con el otro, usted intenta manipular, culpar, juzgar o controlar, está actuando desde su protección.

La capa intermedia, de los sentimientos y la vulnerabilidad, es el lugar donde habitan emociones dañadas desde la infancia. Por eso el ego actúa con miedo, bajo la vergüenza y el shock, es probable que existan sentimientos de abandono, descuido, abuso, etc. Todas estas emociones se guardan aquí, en la capa media. Al ser pequeños, se le mando callar, ordenar que se estuviera quieto, que lo que usted hacía era incorrecto; por lo que fue dejando de ser libre y comenzó a seguir órdenes de los demás, a dejar de ser usted mismo.

Así mismo, si en la infancia se vivió abandonado, o alguno de los padres no estuvo presente física o emocionalmente, al igual que si hubo algún rechazo o abuso, esto aumentará el dolor de las heridas primarias que se irán guardando en la capa de la vulnerabilidad. Sin embargo, al ser tan doloroso vivir en esta capa, se traslada a la capa de protección. Como resultado de estas vivencias, se bloquea la energía sexual, creativa, amorosa, feliz y enérgica; por lo que vivimos en la vergüenza.

Por último, el más interno, a donde más tiempo se tarda llegar, se encuentra la capa de meditación y ser, aquí donde se encuentra la autenticidad, la aceptación, la tranquilidad, la confianza, el abandono a lo demás. En esta capa, no hay vulnerabilidad, no se persiguen papeles o roles de la sociedad, aquí se es uno mismo. Un gran estado de armonía con usted mismo.

Para lograr llegar a este estado del ser uno mismo, es importante curar la vulnerabilidad, meditando, vaciando, siendo honesto con uno mismo y preguntándose: ¿en qué etapa me encuentro?, ¿de dónde surge mi vulnerabilidad?, ¿cómo reacciono ante la respuesta del otro? Para así hacer consciente nuestra herida primaria.

Para recordar:

El anillo exterior se le llamará la capa de protección, el intermedio es la capa de los sentimientos y la vulnerabilidad y el del centro es el núcleo del ser esencial.

La vulnerabilidad protege y bloquea las energías dolorosas.

Si su confianza fue dañada desde la infancia, actuará con miedo, bajo la vergüenza y el shock.

La capa de meditación y ser, es donde se encuentra la autenticidad, la aceptación, la tranquilidad, la confianza, el abandono a lo demás.

Escuela Sivaita Tantrica

Limites emocionales… como establecerlos?

LimitesLos límites emocionales nos capacitan para protegernos, nos permiten conocernos mejor a nosotros mismos, y por tanto, nos facilitan la relación con los demás. Poner límites es respetar espacios y tiempos ajenos, nos ayuda a asegurarnos de que nuestro comportamiento es apropiado e impide que ofendamos a los demás o seamos ofendidos. Si hemos establecido límites normales, nos damos cuenta de cuándo estamos siendo abusados. La persona que no ha puesto límites no se da cuenta de que está siendo abusada física, emocional o intelectualmente.

Lamentablemente, los codependientes permanecen en relaciones abusivas porque no han sabido establecer límites a su comportamiento. Esto está muy relacionado con nuestro Dharma, donde nuestro Maestro siempre nos pedirá svadiyaya y pranidhana, requisitos imprescindibles para que la práctica del Guru Yoga surja de manera natural. La Libertad no tiene nada que ver con permitir a nuestro ego hacer lo que le plazca sino a nuestro Ser.

Los padres deben enseñar a sus hijos a poner límites desde que son pequeños. La forma en que un niño aprende es diciendo “no” cuando sea preciso, pero sin despotismo sino siendo amable, lo cual le ayuda a reafirmar su identidad personal. Los padres “normales” comprenden que las necesidades y los sentimientos de sus hijos deben de ser respetados pero no consentidos ad infinitum. Sin embargo, en las familias disfuncionales, la atención la recibe la persona enferma o adicta, y sus hijos amoldan su comportamiento para complacer a esa persona o para evitar disgustarle. Cuando los niños se enfocan en sus padres, pasando por alto sus necesidades y sentimientos, no adquieren los recursos necesarios para poder reconocer sus propios sentimientos, saber lo que piensan, quienes son, o para aprender a comportarse en ciertas ocasiones. Esto es, precisamente, lo que hace que la persona no tenga o ponga límites, y se convierta en codependiente.

En muchos casos, los hijos de padres codependientes temen las consecuencias si se niegan a hacer algo que ellos consideran injusto o inapropiado. Debido a esto quizás jamás aprendan donde terminan sus límites y comienzan los de los demás. Los padres, o maestros de escuela, no violan deliberadamente los límites de los niños; y si lo hacen es porque no tienen un claro sentido de su propia identidad o no comprenden la importancia de enseñar a los niños a poner límites. Cuando nuestros límites emocionales son violados, nos sentimos devaluados como personas, no podemos aceptar o dar amor de una forma normal y adecuada. Construimos muros y corazas en lugar de límites, e inclusive rechazamos los halagos que nos hacen y dudamos de cualquier persona que esté tratando de acercarse a nosotros.

La manera de comenzar a establecer o reconstruir nuestros límites emocionales es prestar atención a nuestros sentimientos de vergüenza. Si la sentimos con ciertas personas, nos debemos preguntar si nuestros límites están siendo violados, y examinar nuestros sentimientos para poder saberlo. Si nos damos cuenta de que alguien los ha violado, debemos expresar lo que nos hace sentir mal mas no exigir que el otro cambie, aunque en ese momento todavía no sepamos el por qué.

Es imprescindible que aprendamos a valorarnos, a consolar, a cuidar al niño que todos llevamos adentro. Si los sentimientos de temor, ira o dolor nos agobian, debemos buscar ayuda profesional. De ese modo, conoceremos su origen, aprenderemos a cuidarnos, a valorarnos, a establecer límites. Escribir un diario, por ejemplo, puede ayudarnos a conocernos mejor, a darnos cuenta de muchas cosas, a saber lo que nos gusta o disgusta, y, sobretodo, lo que deseamos llegar a ser.

Cuando comenzamos a establecer límites, a veces encontramos oposición en los que están más cerca de nosotros, especialmente de aquellos que violaron nuestros límites. Quizás hasta nuestra relación con ellos se deteriore temporalmente. Sin embargo, con el tiempo, según vayamos sanándonos, nuestras relaciones mejorarán. Nadie más que nosotros mismos puede establecer los límites que necesitamos. El hacerlo quizás requiera ayuda o guía profesional, pero la responsabilidad total para hacerlo la tenemos cada uno de nosotros, individualmente.

Para recordar:

Aprende a expresar lo que te hace sentir mal, mas no a exigir ni a reclamar.

Cuando expresas presta mucha atención a lo que dices y cómo lo dices.

Da a los demás lo que te gustaría recibir, pero da lo mejor de ti sin esperar nada a cambio porque quien espera, desespera.

Para ser respetado primero debemos aprender a respetar aunque mucho antes debemos respetarnos a nosotros mismos sin autoengaños, victimismos, sabotajes, etc.

De la Escuela Tantrica Sivaita

La Vanidad

vanidadPor definición todo ser humano está poseído por la vanidad. Desear ser bello, el anhelo de la belleza física y la capacidad de reconocerla parece arraigado en lo más profundo de la psique humana. Sin saber por qué, los lactantes reaccionan alegremente ante un rostro amable y agradable, y lloran cuando ven expresiones feas o distorsionadas, generando una señal interna de alarma ante un peligro. Hacia los cuatro o cinco años, los niños reconocen perfectamente las diferencias físicas sutiles entre las personas y juzgan a los demás por su apariencia. Comienzan los prejuicios, la enfermedad más abundante en la sociedad actual. Toman conciencia de su propio aspecto y les encanta experimentar; cuanto más elegantes, sofisticados y raros sean, o cuanto más integrados estén en alguna tribu urbana, más se ensalza su ego. Basta observar a un pequeño disfrazarse y ver el deleite con que se mira al espejo. El súmun: la adolescencia, que según Osho, dura casi toda la vida en la mayoría de nosotros. La belleza es una moda y nosotros sus devotos idolatras.

La adolescencia es el inicio del apego al mundo de las apariencias, al mundo de las vanidades: una inmadurez emocional que dura hasta más allá de los 40. Por desgracia, en la vida contemporánea la búsqueda ancestral de la belleza se ha convertido, casi exclusivamente, en una fijación por ciertas imágenes, fomentada por los medios de comunicación, la publicidad y reforzada por las actitudes del público hacia la salud y el envejecimiento. Las ideas históricas sobre la belleza, las cuales resaltaban la perfección de nuestra naturaleza profunda, se han erosionado en esta cultura masiva hasta convertirse apenas en un asunto de “verse bien”, lo cual se consigue con el maquillaje correcto, el vestuario correcto, la cremita correcta, la peluquería correcta, sin hablar de las increíbles cantidades de dinero gastadas, y si todo eso falla, el cirujano plástico correcto. La vanidad, ciega e ignorante, cree que la belleza puede encontrarse en un frasco, en unos trapitos o un trozo de plástico insertado a la fuerza en el cuerpo. Esta ignorancia es aprovechada por muchos para dar rienda suelta a su creativa avaricia. Y, tras la sucesión de vanidades, muchas gentes en todo el mundo muriendo de hambre las cuales ignoramos por completo.

La pereza nos lleva a consumir productos que, en unos casos son tóxicos y, en otros, son inócuos para el cuerpo, pero no para el bolsillo. Por un simple resfriado se consumen ingentes cantidades de antibióticos sin prescripción médica. Por unos granos en la piel, innumerables cremas inservibles, sin tomarnos ninguna molestia en averiguar su causa real, la mayoría de las veces, no evacuar correctamente todos los días. La toxicidad de los autotratamientos es grave, ensucia el organismo y empeora los problemas de salud física, emocional y mental de la persona. Un círculo vicioso que retroalimenta enfermedades psicosomáticas crónicas. La pereza, los prejuicios y resistencias, junto con el miedo y la falta de decisión, evitan la introspección y el autoanálisis, la natural observación de uno mismo y los consecuentes preventivos como una dieta correcta, higiene, hábitos y actitudes armónicas, actividad física adecuada, yoga, liberación y sanación emocional.

Cuatro son los apegos que conducen al ser humano a la ausencia de belleza y a la enfermedad. El apego por lo artificial, por las personas, las emociones y las ideas. Describámoslos más detalladamente:

El apego por lo artificial.

Llámese comida basura o rápida, máquinas, vitaminas o sustancias para inyectar en la piel y estirarla. Envanecimiento envasado. Efectivamente, se conocen de sobra los efectos nocivos de la comida basura y rápida, la inutilidad de los botes de “vitaminas”, en lugar de tomar una buena pieza de fruta o un saludable plato de legumbres, confundiendo “complemento alimenticio” con “comida”. El abuso del transporte con máquinas que debilitan nuestro sistema locomotor, así como la moda de retocarse las arrugas naturales del rostro que sencillamente muestra lo que se ha experimentado en sus facciones. Todo ello conlleva unos efectos dañinos para nuestra salud integral: barrigas hinchadas, estreñimiento, granos, dermatitis, eccemas, alergias, pieles pálidas y amarillentas, flaccidez, manchas, lenguas sucias o moteadas, alopecias, alitosis, fragilidad de las uñas, problemas cardiovasculares, toxicidad de la sangre y de las vísceras, falta de inmunidad ante las enfermedades, gripes, dolores frecuentes, etc. Cuando esto ocurre acudimos normalmente a automedicaciones y remedios que lo único que consiguen es hacernos dependientes de fármacos y vanidades enfrascadas.

El apego por las personas.

¿Cuántas veces estamos junto a personas que no nos convienen, que nos hacen daño, que son parásitos o, simplemente, confundimos los sentimientos e impedimos la libertad del otro por miedo a la pérdida, rechazo, soledad, etc.? La compresión y la compasión no implican autodestrucción. A veces, la mejor ayuda que podemos y debemos prestar a alguien es desde la distancia. Más aún, ten por seguro que ayudando a los demás, nos ayudamos a nosotros mismos y nos hacemos mejores personas. En cambio, el apego nos lleva a emociones insanas que destruyen y autodestruyen.

El apego a las emociones.

“Por ahí vienen nubes negras pero no pasa nada pues pronto se irán”, así reza un dicho popular que nunca o casi nunca escuchamos. No es malo sentir emociones negativas, pues somos humanos. Lo que es malo es enamorarse de ellas. Preferimos estar enrocados en el odio, el rencor, la tristeza y tantas otras emociones densas que justificamos muy adecuadamente con nuestro ego soberbio, que vibrar en el amor y la armonia, sin querer darnos cuenta de que, de esa forma, enfermamos envolviéndonos en un laberinto de neurosis y psicosis.

El apego a las ideas.

Un simple ejemplo de ello es cuando nos quejamos constantemente de que estamos estreñidos y nos queremos convencer de que no es posible porque llevamos una dieta sana con abundancia de fruta, verdura, legumbres y agua. Evidentemente, el estreñimiento no está en tu cuerpo, sino en tu mente. Suelta esas ideas de asco o rechazo, actúa ante pensamientos como: “no me levanto de la silla cuando viene el apretón porque tengo mucho trabajo”, etc. Si analizas detenidamente, te darás cuenta de que la pereza o la soberbia son las causantes que nos conducen al estreñimiento, y a cosas más graves, aún llevando una dieta saludable. Así pues, analiza tu vida diaria, busca todas las rigideces, manías, represiones, prejucios que nos llevan a enfermar física y emocionalmente, y evacúalas. Tres son las “virtudes” de los egos, a saber: egoísmo, egocentrismo y egotismo; que significan respectivamente: el que sólo piensa en sí mismo, insensible a los padecimientos de los demás; el que se cree el centro del mundo y el que tiene aires de grandeza, megalómano. Estas 3 egolatrías conforman los 3 venemos más graves de la humanidad.

Extraido de “Escuela Tantrica Sivaita”

Manual de conservar caminos

Manual de conservar caminos

  1. Al principio del camino hay una encrucijada. Allí puedes pararte a pensar en la dirección que vas a tomar. Pero no te quedes demasiado tiempo, o nunca saldrás de ese lugar. Hazte la clásica pregunta de Castaneda: ¿cuál de estos caminos tiene un corazón? Reflexiona lo necesario sobre las opciones que tienes delante, pero una vez que des el primer paso, olvídate definitivamente de la encrucijada, pues en caso contrario nunca dejarás de torturarte con la inútil pregunta: “¿El camino que elegí era el correcto?” Si prestaste oídos a tu corazón antes de ponerte en movimiento, escogiste sin duda el buen camino.

El camino no dura para siempre. Es una bendición recorrerlo durante algún tiempo, pero un día terminará, y por eso debes estar siempre listo para despedirte en cualquier punto. Por mucho que te deslumbren determinados paisajes, o te asusten ciertos trechos donde hay que esforzarse especialmente para seguir en pie, no te aferres a nada. Ni a los momentos de euforia, ni a los interminables días en los que todo parece difícil, y el progreso es lento. Más tarde o más temprano llegará un ángel, y tu jornada habrá llegado a su término. No lo olvides.

Honra tu camino. Fue tu elección, fue decisión tuya, y en la misma medida en que tú respetas el suelo que pisas, este mismo suelo respetará tus pies. Haz siempre lo más adecuado para conservar y mantener tu camino, y él hará lo mismo por ti.

Equípate bien. Lleva un rastrillo, una pala, una navaja. Entiende que para las hojas secas las navajas son inútiles, y que para la hierbas muy enraizadas los rastrillos son inútiles. Conoce siempre qué herramienta hay que emplear en cada momento. Y cuida de ellas, porque son tus mayores aliadas.

El camino va hacia delante y hacia atrás. A veces es necesario volver porque se perdió algo, o porque un mensaje que debía haber sido entregado se quedó olvidado en un bolsillo. Un camino bien cuidado permite que puedas volver atrás sin grandes problemas.

Cuida del camino antes de cuidar de lo que está a su alrededor: atención y concentración son fundamentales. No dejes que las hojas secas del borde del camino te distraigan, ni que la manera como los otros cuidan sus propios caminos desvíe tu atención. Usa la energía para cuidar y conservar el suelo que recibe tus pasos.

Ten paciencia. A veces es necesario repetir las mismas tareas, como arrancar las malas hierbas o cubrir los agujeros que surgieron tras una lluvia inesperada. Que esto no te enfurezca, pues forma parte del viaje. A pesar del cansancio, y a pesar de las tareas repetitivas, ten paciencia. 

Los caminos se cruzan: las personas pueden explicar el tiempo que hace. Escucha los consejos, pero toma después tus propias decisiones. Tú eres el único responsable del camino que te fue confiado.

La naturaleza sigue sus propias reglas: por lo tanto, tienes que estar preparado para los súbitos cambios del otoño, para el hielo resbaladizo del invierno, para las tentaciones de las flores en primavera, y para la sed y las lluvias del verano. En cada estación, aprovecha lo mejor que te ofrezca, y no te quejes de sus particularidades.

Haz de tu camino un espejo de ti mismo: no te dejes influir en absoluto por la manera como los demás cuidan de sus caminos. Tú tienes un alma que escuchar, y los pájaros transmitirán lo que tu alma quiere decir. Que tus historias sean bellas y agraden a todo lo que tienes en torno. Sobre todo, que las historias que cuente tu alma durante la jornada se reflejen en cada segundo del recorrido.  

Ama tu camino: sin este principio, nada tiene sentido.